Autor Tema: Cumbres de La Demanda (Burgos)  (Leído 948 veces)

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Cumbres de La Demanda (Burgos)
« en: 01 de Octubre de 2012, 18:49:36 pm »


Distancia: 14 Km

Tiempo: 6h

 

El San Millán es, con sus 2.131 metros, el pico más alto de Burgos. Desde su cumbre se divisa casi toda la provincia. Tiene varias vías de acceso, pero sin duda, la más interesante y atractiva es la que discurre remontando el valle del río Urbión. Este pequeño río que nace en la vertiente norte de la montaña, en sus primeros kilómetros discurre por uno de los hayedos mejor conservados de toda Castilla y León. También es importante su riqueza faunística. Destacan entre otras especies corzos, ciervos, jabalíes, ardillas y nutrias. Sin embargo son los lobos, con una de las mayores densidades de Europa, los grandes protagonistas y señores de estos bosques y sierras.

Recorrido

En el mismo Santa Cruz del Valle Urbión comenzamos esta marcha a pie, al fondo destaca la impresionante mole del pico San Millán. En el pueblo serrano aún se conservan las formas de vida tradicional. En la estructura de sus casas domina el entramado de madera, relleno de cascajos y piedras. Completan la construcción los grandes volados de sus tejados y la presencia de zócalos ejecutados en piedra. Esta arquitectura popular denota influencias muy variadas, desde las vascas y riojanas hasta las más cercanas de la Bureba.

Una vez atravesado el pueblo, hay que continuar el camino por una zona de huertos y prados en los que pacen numerosas vacas. A un kilómetro, a la derecha del camino, se pueden contemplar dos magníficos ejemplares de castaño (Castanea sativa), muy raros en esta provincia.

El camino discurre casi siempre paralelo al río Urbión. que desciende impetuoso desde su nacimiento en la montaña; enseguida llegamos a una bifurcación donde se debe tomar la pista de la izquierda, que suavemente nos va a llevar hasta la base del San Millán.

El macizo de la sierra de La Demanda representa la última manifestación del conjunto de la Cordillera Ibérica. Las rocas que afloran en esta zona se pueden fechar dentro del Cámbrico y son las más antiguas de Burgos. La Demanda tiene un gran interés desde el punto de vista geológico, y han sido muchos los científicos que la han recorrido para estudiar su estructura litológica.

Antes de introducirse en el bosque de hayas, el camino atraviesa una zona de pastos artificiales logrados a costa de sacrificar el robledal autóctono. Todavía se puede ver algún ejemplar aislado de roble albar (Quercus petraea). Al llegar a un pequeño refugio, continuamos por el camino de la derecha y tras atravesar un puente de cemento, se alcanza un nuevo cruce de caminos, aquí hay que tomar el de la izquierda. A partir de este punto el paseo no tiene pérdida, ya que debemos continuar la marcha sin dejar el curso del río Urbión.

Muy pronto comienzan a aparecer las primeras hayas. Árbol caducifolio de la familia de las Fagáceas -robles y castaños -, puede llegar a los 30 metros de altura, muy variado de porte -según crezca aislado o en bosque cerrado-, de tronco recto y cilíndrico con corteza lisa de color ceniciento o blanquecino. Alcanza su mayor crecimiento a los 125-150 años y envejece a los 300. Las hojas brotan, dependiendo de la altitud, de finales de abril a primeros de junio; son de un verde intenso, de borde liso y cuando caen a finales de octubre o noviembre, adquieren una bella tonalidad broncínea. El haya se genera por semillas y germina a la sombra que proyecta su denso follaje.

Según se gana en altitud, el camino se va transformando paulatinamente en una senda bien marcada. En varios puntos es necesario vadear el río, utilizando rústicos puentes de troncos o simplemente saltando de piedra en piedra. En sus cristalinas aguas es fácil ver evolucionar alguna pequeña trucha de montaña, perseguidas todavía por las nutrias.

El agua es muy abundante y rebosa en multitud de arroyos -Ornarnia, Gilas, Rilar-tea, Almegia, Zarria-, y manantiales -Palancar, Tejera, Lácigas, Andurla-. que a su vez configuran la cabecera del río Urbión, que pertenece a la cuenca hidrográfica del Ebro.

Asociadas con las hayas aparecen otra serie de especies arbóreas y arbustivas. Entre todas ellas destaca el tejo (Taxus baccata), de follaje verde oscuro, mantiene su hoja durante todo el año. Muy buscado por la calidad de su madera, casi ha desaparecido de estas montañas. Los ejemplares que aún se conservan, tienen un porte excepcional y con toda seguridad superan los mil años.

El serbal blanco, el serbal de los cazadores y el acebo, entre los árboles, y las frambuesas, los brezos y los helechos formando el sotobosque del hayedo, completan la típica vegetación del bosque caducifolio. Es casi seguro que en nuestra marcha veamos saltar algún corzo entre las rocas de la montaña. También están representadas, aunque en menor número, otras especies de mamíferos ungulados como ciervos y jabalíes. Entre los carnívoros destaca el lobo, que tiene por estos pagos uno de sus últimos reductos europeos.

Al superar la cola de los 1.600 metros, el hayedo es sustituido por matojos de piorno serrano y enebro rastrero. Sobre los 2.000 metros, las condiciones ambientales se hacen tan duras que ni siquiera pueden mantenerse los piornales y la vegetación se transforma en herbácea: pastizales y cevurnales de alta montaña. En este piso de vegetación se refugian, durante la primavera y el verano, multitud de pequeñas aves: alondras, collalbas grises, tarabillas, zorzales charlos y verderones serranos.

A partir de este punto el suelo aparece cubierto de numerosos canchales de piedra, producidos por la gelifracción -fragmentación de las rocas por el hielo y el deshielo del agua- en los que apenas sobreviven algunos líquenes. Estas rocas están cubiertas todo el invierno y parte de la primavera por grandes cantidades de nieve y hielo que garantizan, incluso en épocas de gran sequía, el aporte suficiente de agua para cubrir las necesidades del tapiz vegetal de la zona.

Estamos muy cerca de la cumbre, pero aún queda el tramo más complicado. Lo mejor -si no se es un experto montañero-, es desandar lo andado y volver, tranquilamente, disfrutando de nuevo de las maravillas del bosque hasta el punto de partida.