Autor Tema: Guía sobre botas  (Leído 37371 veces)

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Guía sobre botas
« en: 24 de Agosto de 2010, 08:59:39 am »
La bota de montaña, sus partes y características.

Aunque este diagrama no representa en absoluto todo el amplio abanico de modelos que hay en el mercado, por lo menos nos sirve para hacernos una idea de la bota estándar de media montaña, y extrapolarlo un poco a todos los demás tipos sin necesidad de sacrificar una bota nuestra cortándola por la mitad para diseccionarla.

Ciertos fabricantes sí que se han tomado la molestia o el arrebato de hacerlo con algún modelo suyo y lo exponen en las tiendas especializadas (junto a la bota intacta) para apreciar bien como están construidas. Es bastante recomendable echarle un vistazo y observar las diferentes capas que seguro que comparándolo con esta imagen se puede aprender bastante.


Partes de una bota técnica de montaña

1. Casco rígido para la protección de los dedos.
2. Plantilla extraíble, absorbente y transpirable.
3. Entresuela anatómica.
4. Doble y triple cosido.
5. Gancho con sistema autobloqueante.
6. Cordón de alta resistencia.
7. Anillas de lazado rápido, inoxidables.
8. Cuello de caña acolchado.
9. Tirador para calzarse.
10. Membrana impermeable/transpirable.
11. Zona acolchada para incrementar el confort.
12. Soporte rígido para envolver y proteger el talón.
13. Amortiguación del talón.
14. Densidad media para amortiguación.
15. Suelas con grabado antideslizante.
16. Pared lateral. Soporta el pie en el canteo.
17. Exterior en piel hidrófuga.
18. Protección añadida para las costuras de la entresuela.


Y ahora a explicar detalladamente en qué consiste cada parte, que aunque parezca sencillo, las botas encierran una pequeña gran obra de ingeniería:

1. Casco rígido para la protección de los dedos.

A medida que la bota aumenta en complejidad y tiene un uso más técnico, el casco será inexistente, blando o totalmente rígido. A la hora de progresar por terrenos escarpados, transitar por grandes pendientes o escalar paredes rocosas la bota siempre será más segura para nuestros dedos si esta posee un casco rígido. Esto nos evitará reventarnos los dedos al dar una patada indeseada a una piedra o aplastarlos al introducir el pie en alguna fisura de la roca.

Están mayoritariamente hechos de plástico duro, y pueden presentarse por fuera de la bota o estar dentro de esta y cubierto por el ante o la piel, aunque sin duda será mucho más duradero y alargará la vida la bota si este va por fuera. En las botas de alta montaña no plásticas está debajo de la piel y cubierto por una gruesa película de caucho, si esta con el uso se desgasta, es posible recauchutarla y seguir alargando la vida de la bota.


2. Plantilla extraíble, absorbente y transpirable.

La plantilla aunque parezca algo muy sencillo, es bastante útil y necesaria. Se sitúa sobre la entresuela encargándose de brindar cierto almohadillado para aportar mayor confort, amortiguar la pisada, mejorar el aislante térmico, aumentar la sujeción y absorber o evacuar el sudor. Podemos encontrarlas sencillas de gomaespuma, algo más sofisticadas con refuerzos de distintas densidades o gel en el talón, y las más complejas que son hasta calefactables. Estas últimas mediante unas resistencias en su interior unidas por cables a unas baterías, nos permitirán tener las plantas de nuestros amados pies bien calientes, y aumentar así nuestro confort o incluso evitar congelaciones cuando las temperaturas sean muy bajas.

Las plantillas más modernas han abandonado la forma totalmente plana para buscar la ergonomía, de esta forma tienen en el perímetro de la zona del talón un realce para que este quede más sujeto y una prominencia en la zona donde se arquea el pie. Un ejemplo de plantilla moderna es la Comform'able volcano.



Todas las plantillas están constituidas por una serie de capas hidrófilas o hidrófugas. La primera capa de la plantilla a menudo posee una serie de perforaciones o microperforaciones que varían de tamaño en las aéreas de mayor sudoración del pie, para que de esta forma, el sudor avance en sentido descendente hasta la siguiente capa que lo absorberá, y así sucesivamente hasta terminar en la última capa microporosa y transpirable al final de la plantilla que lo evacuará. de este modo se logra dejar el calcetín lo más seco posible sin que se vea comprometida la temperatura del pie por la humedad.


3. Entresuela anatómica.

La entresuela es la base para la plantilla y de nuevo, también puede estar constituida en varias capas. Su fin también es similar a la plantilla, aislar térmicamente ya que la suela suele estar muy fría al caminar por nieve o superficies heladas, aumentar la amortiguación, y dictar la rigidez o flexibilidad necesaria para la bota. Las entresuelas pueden ser plásticas, de goma, de aluminio, de madera o hasta de fibra de carbono en las más modernas y técnicas.

La entresuela según su forma, contribuirán aún más a la ergonomía de la plantilla. Es crucial que la entresuela sea lo más ergonómica posible para adaptarse a nuestro pie, no solo ya por la comodidad, si no por el aumento de eficacia en la pisada, y el beneficio que presta para prevenir dolores, fatiga e incluso lesiones en la planta del pie.

Una entresuela totalmente plana será bastante incómoda para caminar y nuestro pie "bailará" un poco dentro de la bota al no estar tan sujeto. Esto puede tener la consecuencia de hacernos propensos a acentuar la supinación o supronación de nuestra pisada, y causarnos diversas rozaduras. Afortunadamente las entresuelas totalmente planas están prácticamente obsoletas y salvo modelos muy viejos o muy básicos, ya apenas se usan en calzado deportivo y técnico.


4. Doble y triple cosido.

Siempre y cuando la bota no tenga una carcasa plástica, un cosido a máquina se encargará de unir firmemente las diferentes piezas que compongan la parte externa de la bota. Hay que mencionar que en las contadas botas demasiado técnicas se han eliminado debido a que las costuras tienen un par de inconvenientes; son el punto más débil frente al agua y serán las primeras zonas en calar, y que en el caso de botas con relleno de fibra, cuantas más costuras se den, mas difícil será que el relleno de la bota se distribuya uniformemente.


5. Gancho con sistema autobloqueante.

Esta pequeña pieza normalmente situada donde termina el empeine, se encarga de bloquear los cordones una vez pasa por ellos. Con esto se consigue que tengamos la bota firmemente atada de empeine hacia abajo, pese a tener la caña completamente desatada de empeine para arriba.


6. Cordón de alta resistencia.

Dependiendo de la calidad de la bota, puede ser un sencillo cordón de algodón, o autenticas cuerdas en miniatura de 2mm a 6mm con su alma y su funda. Pueden tener también dependiendo del fabricante y el modelo, un tratamiento hidrófugo para mantener mejor la impermeabilidad.


7. Anillas de lazado rápido, inoxidables.

Serán los puntos por donde pasen los cordones diseñadas en forma de gancho para evitar que estos no se salgan y así ceñir más eficientemente. Como pequeño apunte, habría que mencionar que no siempre se emplean estos materiales, por ejemplo, la Spantik de La Sportiva, reemplaza el acero por plástico con igual eficacia.


8. Cuello de caña acolchado.

El almohadillado protege de la aparición de rozaduras por el movimiento de la caña. Existe toda una variedad de ellos ya que pueden estar hechos sin relleno en neopreno, o bien con relleno y forrados en cordura o piel de diferentes grosores (por citar los materiales más comunes, aunque hay muchos más). Igualmente, puede incluirse una pequeña polaina como por ejemplo, en las Peak GT RR plus de Zamberlan

La altura de la caña se ve condicionada por el tipo de bota. Conforme más técnica sea esta, más alta será. Esto se hace así debido a que en terrenos excesivamente abruptos protege nuestros tobillos de torceduras y golpes, aporta mayor abrigo(aunque no me atrevería a afirmar que lo hace hasta unos niveles determinantes), evita que entre nieve al pisar en nieve profunda, y la bota queda más sujeta a nuestro pie. Sin embargo, cuanto más alta sea la caña, más se resentiran nuestros gemelos y nuestro empeine, por ello es preciso que las botas tengan una buena flexión de la caña en caso de que esta sea alta para que no nos restrinjan demasiado los movimientos naturales del tobillo.


9. Tirador para calzarse.

Ayudará a que el pie entre más fácilmente en la bota, aunque no todas las botas tienen estos tiradores puesto que suelen ser bastante fáciles de poner y quitar. También sirven para colgarlas cómodamente para que se sequen.


10. Membrana impermeable/transpirable.

Por debajo de la capa más externa de la bota, se encuentra la membrana impermeable y transpirable. Su finalidad es evacuar el sudor de nuestro pie en forma de vapor, mientras que a la vez evita la entrada de agua. Esto se consigue gracias a la creación de una membrana microporosa por la que las gotas de agua, al tener unas moléculas más grandes que los poros de la membrana, no pueden cruzarla, mientras que el vapor de agua, que si tiene unas moléculas más pequeñas, puede atravesarlos con facilidad. Estas membranas también protegen eficazmente contra el viento, ayudando a conservar mejor la temperatura. Aunque mucho ojo, aunque ayuden en cierta medida a mantener la temperatura dentro de la bota, eso no significa para nada que abrigue más ni posea mejor aislante térmico.


11. Zona acolchada para incrementar el confort.

Debajo de la membrana, muchas botas se rellenan con un poco de fibra para evitar rozaduras aumentando considerablemente el confort y de paso aumentar la capacidad calorífica especialmente en las de alta montaña. Todo ello sin sacrificar el ceñido.


12. Soporte rígido para envolver y proteger el talón.

Debajo de la piel, la membrana, y el relleno, algunas botas tienen una capa más que puede estar preformada y cuya función es envolver nuestro pie y nuestro talón para sujetarlo correctamente, aumentando la protección de la bota y protegiéndonos de torceduras.


13. Amortiguación del talón.

Muchos fabricantes además de utilizar plantillas, varias capas de entresuela y elaboradas suelas, añaden en la entresuela un refuerzo extra para el talón ya que esta parte de nuestro pie es la que más sufre debido a los impactos que se producen al caminar.


14. Densidad media para amortiguación.

Antes del grabado de la suela, se añade una capa extra de goma para amortiguar y aumentar el aislante. Como los puntos 13 y 14 tienen mucho en común, se podían haber combinado en uno solo, pero bueno, el diagrama es así. Y para que quede más claro, una imagen que ofrece La Sportiva para apreciar las diferentes capas de la suela.



15. Suelas con grabado antideslizante.


Antaño se fabricaban en caucho o uretano, pero desde que se inventó la goma vulcanizada a principios del siglo XX la inmensa mayoría de las botas con cierta calidad incluyen la patente Vibram, que aumenta con creces la adherencia en superficies húmedas y heladas, y su durabilidad.

De todas formas, hay que tener en cuenta también la dureza de la suela, ya que si esta es demasiado dura será más propensa a resbalar en terrenos humedos o mojados pero durará más, por el contrario, una suela blanda tendrá mejor agarre pero durará menos.

Para conocer más sobre el grabado y diferentes dibujos de la suela, resulta bastante interesante observar este apartado que dedica Bestard en su web: http://www.bestard.com/tecnologia_suelas.php.


16. Pared lateral. Soporta el pie en el canteo.

Al igual que la punta de las botas y su casco rígido, esta pared lateral en función del uso al que estén destinadas las botas, será blando (inexistente), semiblando, o rígido. En las botas de alta montaña no plásticas, una banda de caucho cubre la piel, en las botas de media montaña un refuerzo cosido encima del cuero aumenta la resistencia, y en las botas de paseo es casi inexistente.


17. Exterior en piel hidrófuga.

Parte clave de la bota, puede ser en cuero (tratado con hidrorrepelentes o sin él) de diferentes curtidos, CeraCom, plástico... será nuestro escudo frente al clima exterior.


18. Protección añadida para las costuras de la entresuela.

En las botas más antiguas, la suela se claveteaba o se cosía a mano. Posteriormente se abandono el claveteo y el cosido se hacía a máquina, y actualmente no son muchas las botas que lo mantienen (hoy en día las suelas se unen unas a otras mediante termosellado). Aquellas que aún lo conservan, lo recubren mediante una película de látex o goma para que el hilo este protegido del agua y del roce.




Tipos de botas

Se distinguen cuatro categorías de botas en función de su uso, las conocidas B0, B1, B2 y B3 que marcan su nivel de complejidad y compatibilidad con crampones (y todo sea dicho, normalmente su precio).

Categoría de bota    Categoría de crampón      Nomenclatura*               
B0NingunoTrail running, Hiking, Approaching
B1C1Backpacking, Trekking
B2C1-C2Advanced Trekking
B3C1-C2-C3**High Mountain

* Me decanto por la nomenclatura anglosajona que a mi parecer, es la que mejor lo engloba. Aunque no deben tomarse como referencia única ya que ciertos fabricantes pueden denominar a unas botas suyas de una manera, y no significar lo mismo para otro. No hay una nomenclatura estándar oficial y resulta un poco confuso así que intentaré aproximarme lo máximo posible.

** Realmente no se recomiendan los crampones tipo C1 para una bota B3.

Y ya sin más demora, al grano con los tipos de botas:


1. Botas tipo B0: Trail running, Hiking y Approaching

1.1 Trail Running


Las botas de Trail running, son más parecidas a una zapatilla deportiva que a una bota, y por ello poca gente las distingue a simple vista de un calzado deportivo común. Gracias a ciertas modificaciones en su diseño, son bastante recomendables para correr en un terreno complicado como el de la baja o media montaña, o un tranquilo paseo estival donde no se salve mucho desnivel y el terreno sea poco abrupto (caminos balizados, pistas forestales). También las hay pensadas para maratones alpinas, algo más robustas, y unos pocos modelos para correr sobre la nieve que incluyen una pequeña polaina y más abrigo.

Se caracterizan por presentar un pequeño armazón de plástico más duro o hasta rígido sobre el tejido blando, no tener refuerzo en la puntera en la mayoría de los modelos, no tener caña, ser muy ligeras, ser muy transpirables aunque a costa de sacrificar abrigo (algunas el tejido es una rejilla, de manera que si hundes un pie en un charco el agua saldrá al sacar el pie), y por poseer una suela extremadamente flexible con inserciones de diferentes densidades que la hacen realmente cómoda. Además, las rugosidades especialmente diseñadas que presenta la suela le brindan un agarre excelente. Aquellas en las que su tejido externo no esté basado en rejillas, es frecuente verlas con membranas impermeables, y también a menudo se dan sistemas de lazado más complejos que reemplazan los cordones comunes por otros sistemas de lazada o alambres (por ejemplo, BOA lacing system de The North Face).


Como ejemplo de bota B0 de Trail - Running, el modelo Arnuva de The North Face

1.2 Hiking

Las botas de Hiking (del inglés excursión) son las indicadas para la práctica del senderismo. Ya no son tan confortables como para ir corriendo con ellas, aunque siguen sin ser lo suficientemente robustas como para progresar cómodo por terrenos difíciles por lo que de nuevo quedan indicadas para rutas tranquilas y sencillas y en temporada estival.

La caña puede ser baja o de media altura, siguen teniendo una suela muy blanda, al contrario que las de Trail running, esta vez el abrigo cuenta más que la transpiración y esta abandona las rejillas. No suelen tener ojales metálicos para sujetar el pie, por lo que este puede "bailar" dentro de la bota y lamentablemente tampoco suelen tener refuerzo en la puntera salvo una capa extra de cuero o goma blanda. Al ser un calzado económico, ligero y destinado al paseo recreativo, no está muy extendido el uso de membranas y esta se puede suplir por tratamiento hidrorrepelente (si lo tiene). Salta a la vista que no es un calzado deportivo común, así que será fácil distinguirlas.


Como ejemplo de bota B0 de Hiking, el modelo Strive Mid de The North Face

1.3 Approaching

Las botas de Approaching (fácilmente del inglés, aproximación) están pensadas para usarse para llegar al campo base, hacer vías ferratas o aproximación al inicio de la escalada.

Esta categoría de calzado no es tan conocido como las demás, ya que muchas botas de Approaching son muy parecidas a las de Trial running y Trekking, y hasta se dan un cierto aire a los pies de gato. La forma de diferenciarlas es que se asemejan bastante a una bota de Trekking por su robustez, pero a la que sin embargo le falta la caña. Suelen llevar membrana, presentar refuerzos de goma en puntas y cantos, y su suela suele ser de Vibram, no muy blanda y con frecuencia reemplazable en caso de desgaste.

(Hay que destacar, que resulta sorprendente la abismal diferencia de prestaciones y precios de una marca a otra, así como lo que cada una considera un calzado de aproximación...)


Como ejemplo de bota B0 de Approaching, el modelo Dragontail GTX de Garmont


2. Botas tipo B1: Backpacking, Approaching y Trekking.

2.1 Backpacking

Las botas de Backpacking (del inglés, "mochilero"), son las clásicas botas de toda la vida con las que muchos habremos empezado. Por fin son unas botas que se podrían llamar robustas, y que nos darán bastantes prestaciones que necesitamos en actividades más exigentes que un mero paseo. Recomendadas para la media montaña, nos permitirán coger "carretera y manta" por los valles a lo largo de todas las estaciones salvo invierno, donde podrían resultar un poco frías.

Para la parte externa de la bota predomina el cuero animal (en flor más que en nobuk) o cuero artificial Lorica, frente al resto de tejidos sintéticos. Son de caña baja o media, se incluyen ojales metálicos para los cordones, la suela suele incluir la patente Vibram (y aunque sigue siendo blanda ya no es tan flexible como las anteriores) e incluye un buen refuerzo amortiguador en el talón. Si no emplea un casco para la punta, esta al menos está endurecida. Puede ir acompañada de una pequeña banda de goma o una capa extra de cuero como refuerzo en los cantos y la membrana impermeable está bastante extendida.


Como ejemplo de bota B1 de Backpacking, el modelo Magneto II GTX de Tecnica

2.2 Trekking

Las botas de Trekking (del inglés, caminata) son en definitiva las botas idóneas para la práctica del montañismo estival y pequeñas excursiones de media montaña invernales. Gracias a que su suela empieza a ser cada vez más rígida abandonando la flexibilidad, será mucho más cómodo progresar por terrenos escarpados y muy rocosos, y podremos emplear los crampones de correa o C1 para ayudarnos a salvar algún nevero o glaciar que haya sobrevivido a la temporada invernal. Aunque la rigidez de esta suela resultara un poco incomoda cuando debamos caminar con la mochila por terrenos llanos.

Se caracterizan por que la piel exterior es de más calidad dándose más el nobuk que la flor, y también pueden incluir trozos con tejidos sintéticos para brindar mayor transpiración o para reforzar. Todas llevan membrana impermeable, un casco rígido en su punta, un grabado en la suela más prominente, que suele ser de Vibram y en algunos casos reemplazable, tienen la caña media, un buen aislante térmico aunque sin relleno, ojales metálicos y pueden incluir banda de goma en los cantos.


Como ejemplo de bota B1 de Trekking, el modelo Flame GTX de Asolo.

3. Botas tipo B2: Advanced Trekking

Las botas de Advanced Trekking están pensadas para usarse en terrenos muy escarpados, y puesto que nos permiten utilizar crampones C2 o semiautomáticos, podríamos irnos con ellas a hacer breves ascensiones invernales de alta montaña no muy complicadas, y mixtos poco exigentes.

Las diferencias entre las botas B1 y B2 de Trekking es que las de Advance Trekking incluyen todas un reborde en el talón para crampones, la caña por fin es alta, un casco resistente en su punta, banda de goma en los cantos y mayor abrigo. La suela es todavía más rígida, en la inmensa mayoria de los casos de Vibram y reemplazable, y se podría afirmar que ya no flexa. Comienza en este tipo de calzado la frontera donde su uso en temporada estival empieza a no ser recomendable por el calor y la dureza de la suela.


Como ejemplo de bota B2 de Advanced Trekking, el modelo Apex Rock de Kayland

4. Botas tipo B3: High Mountain

Y ya por fin, la joya de la corona. Las botas B3 de High Mountain (del inglés y como se puede deducir sin mucha complicación, alta montaña) son las más complejas para enfrentarse a las adversidades más extremas del clima y el terreno tan escarpado que se encuentra en grandes altitudes.

Todas tienen el factor común de poseer suela Vibram totalmente rigida y reemplazable (menos en las plásticas que no hay reemplazo), pestaña para crampón C3 o automático en talón y punta, caña alta o muy alta y casco rígido en la punta. Salvo algunas botas plásticas que por su carcasa es innecesario, las demás poseen una banda de goma en los cantos y en la mayoría de modelos se dan rellenos de fibra para aportar mayor aislante y abrigo. También menos aquellas destinadas a un uso alpino o para escalar, se prescinde de membranas impermeables ya que los tejidos y/o las polainas las hacen innecesarias y se emplea el botín interno. Podemos distinguir tres tipos de botas B3:


4.1 Botas Alpinas y de escalada en hielo

(De entrada, matizo que con practicamente cualquier bota B3 y unos buenos crampones a juego, se podrá escalar en hielo perfectamente. Pero las botas de escalada como tal harán esta tarea más cómoda y eficiente al dejar más libre el tobillo y tener más refuerzo frente a cortes y rasgaduras en su cubierta).

El tipo de botas B3 corresponde a las alpinas y las diseñadas para la práctica de escalada en hielo (excluyendo las que llevan el crampón integrado). Ambas están pensadas para actividades en mixto y permanencias no muy largas en alta montaña, por ello son bastante ligeras, yno tienen un abrigo tan potente como las otras botas B3.

Las botas alpinas salvo modelos más viejos, llevan membrana impermeable al prescindir de la polaina integrada (solo hay una minoría que lleva una pequeña polaina pero esta va cosida a la caña). Su exterior suele ser en piel de nobuk, y las hay, aunque no es frecuente, que poseen botín interno.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain alpina, el modelo Nepal Evo GTX de La Sportiva.

Las botas de escalada en hielo tienen la caña sensiblemente más baja que las anteriores para ganar mayor movilidad. En caso de estar construidas en piel, Kevlar o Cordura, llevarán también membrana impermeable, pero cada vez se está introduciendo más los tejidos sintéticos como el CeraCom®, refuerzos en poliuretano o directamente plástico.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain para escalada en hielo, el modelo Radikal de Millet

4.2 Plásticas y carentes de polaina integrada

Esta clase de botas están pensadas para terrenos de gran altitud, muy fríos y donde predomine el terreno rocoso sobre el nevado. Para ello suprimen la membrana impermeable y la piel o el tejido exterior por una carcasa plástica rígida hecha de Pebax®. Dicha carcasa, puede ir acompañada de una articulación que añade algo más de flexibilidad al tobillo o ser totalmente rígidas. Dentro de la carcasa, hay un botín interno bastante grueso que es el que mantendrá caliente el pie, asemejándose a una bota de esquí. Suelen ser un tanto pesadas pero económicas.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain y carcasa plástica articulada, el modelo Artic Expe de Koflach


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain y carcasa plástica sin articular, el modelo AFS 8000 de Asolo

Las botas no plásticas carentes de polaina, evolucionan para prescindir del pesado plástico para reemplazarlo por CeraCom®, Lorica, Poliuretano y otros tejidos sintéticos con las mismas propiedades de impermeabilización, y con el beneficio añadido de la disminución de peso y mayor flexibilidad. Son mucho más caras que las anteriores pero más ligeras.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain carente de polaina, el modelo Spantik de La Sportiva


4.3 Botas con polaina integrada y expedición

Por último, estas botas diseñadas para zonas de alta montaña hasta gran altitud, pensadas para soportar temperaturas que van de muy bajas a extremadamente bajas y donde predomina el terreno nevado sobre el rocoso.

En caso de que la bota esté diseñada para usarse en alta montaña, puesto que el clima no es extremadamente frio, no tendrá un botín interno y la polaina no será muy larga (la mitad de la tibia, aproximadamente). Prescindir del botín hará que estas botas no sean las más adecuadas para largas permanencias en altitud y se indican más para travesías por la nieve o escalada en hielo, al disponer de más tacto.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain con polaina corta y sin botín, el modelo Batura de La Sportiva

En caso de que la bota esté diseñada para usarse en mayor altitud o climas mas fríos, incluirá un botín interno para aislar todavía más, y la polaina mantendrá la misma longitud que su predecesora.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain con polaina corta y con botín, el modelo Phantom 6000 de Scarpa

En caso de que la bota este diseñada para usarse en gran altitud y climas extremadamente fríos (polos, picos de 6000-8000m), llevarán un botín interno, y la polaina aumentará de longitud casi hasta la rodilla. Son las más robustas.


Como ejemplo de bota B3 de High Mountain con polaina larga y con botín, el modelo Olympus Mons Evo de La Sportiva
« Última modificación: 24 de Agosto de 2010, 09:38:23 am por Valnera »

Desconectado Valnera

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Re:Guía sobre botas
« Respuesta #1 en: 24 de Agosto de 2010, 09:36:18 am »
¿Cómo escoger una bota?

Ahora falta saber cómo escoger adecuadamente nuestra talla y como probárselas, así como comentar una serie de factores que nos harán decantarnos por un modelo u otro antes de poner los billetes en el mostrador. Empieza la tercera parte de esta guía sobre las botas.

Como siempre digo y diré, si nos ponemos tozudos podemos hacer la actividad hasta descalzos, pero de sobra se conoce que nuestros pies sufrirán bastante las consecuencias, y por ello es preciso que se defina bien el medio en el que nos veremos envueltos para precisar un calzado adecuado que nos haga estar seguros, cómodos y calientes.


1. ¿Qué bota necesito?

Lo que determinará qué tipo bota se necesita, será el resultado de la ecuación de las variables Duración, Terreno y Clima.

a. Conforme aumente la duración de la actividad el diseño de la bota tendrá que modificarse en una serie de criterios. Las botas deberán ser más robustas puesto que hay una mayor exposición al desgaste, cobre bastante importancia la ligereza y la comodidad del calzado si vamos a estar mucho tiempo con ellas puestas, y exista un refuerzo extra en el talón para que los pies no sufran con las largas caminatas.

b. El terreno condiciona a la bota, de manera que cuanto más escarpado sea este, más alta será la caña, más importancia tendrá la firmeza de la suela que abarcará durezas que van desde lo más flexible hasta la total rigidez. En función de la pendiente, el grabado de la suela será de un dibujo u otro, y por último según lo rocoso que sea el terreno, incluirá refuerzo en la punta y bandas de goma en los laterales y talón.

c. El clima es sin duda determinante para la bota. Para climas secos y cálidos se prescindirá de membranas y se buscaran tejidos porosos para facilitar la transpiración, mientras que en caso contrario, en terrenos húmedos y fríos se buscarán tejidos impermeables acompañados de membranas que lo hagan transpirar. Cuanto más frío sea el medio, podrá incluir pestaña en talón y/o punta para crampones, podrá incluir polaina integrada, más se decantará el tejido externo por los materiales plásticos, y habrá más abrigo y aislante térmico pudiendo incluir incluso relleno y/o botín interno.


2. Criterios de elección.

Si ya tenemos claro que tipo bota necesitamos, debemos prestar atención a una serie de detalles de su construcción.

2.1. ¿Piel, Plástico o tejidos sintéticos?

La piel fue el primer material empleado para las botas de montaña por sus excelentes prestaciones, pero puesto que en temperaturas realmente bajas acompañadas de la humedad de la nieve ofrecía menos rendimiento, surgieron las pesadas botas con carcasa plástica. Actualmente, debido a que los anteriores materiales tienen un defecto bastante importante según qué condiciones se le exijan, la tendencia ha evolucionado y continua haciéndolo hacia los tejidos sintéticos recientemente descubiertos que conservan gran parte de las ventajas del plástico y la piel.

a. Según el peso:

Las botas de piel son las más ligeras, seguidas muy de cerca por los tejidos sintéticos (tanto que en algunos casos están en cabeza) y quedando en última posición las botas con carcasa plástica de Pebax.


b. Según el precio:

Las botas más económicas son aquellas que incluyen carcasa plástica, seguidas de lejos por aquellas que incluyan inserciones o estén basadas en tejidos sintéticos, y siendo con poco margen de diferencia las más caras las fabricadas en piel de alta calidad.
Según la impermeabilidad:

Las botas con carcasa plástica de Pebax son totalmente impermeables, seguidas muy de cerca por las que incluyan inserciones o estén basadas en tejidos sintéticos, y quedando en último lugar las de piel.
Según la transpirabilidad:

Las botas más transpirables serán las de piel, seguidas de aquellas que incluyan inserciones o estén basadas en tejidos sintéticos, y quedando en un alejado último lugar aquellas que posean carcasa plástica de Pebax.

c. Según el Abrigo:

Las botas más cálidas serán las plásticas de Pebax seguidas muy de cerca o por igual que aquellas que incluyan inserciones o estén basadas en tejidos sintéticos, quedando en último lugar las de piel.
Según la sensibilidad, flexibilidad y ajuste:

Las de piel quedarán en primer lugar por un amplio margen de diferencia, seguidas por las que incluyan inserciones o estén basadas en tejidos sintéticos, quedando en último lugar las que tengan carcasa plástica de Pebax.

Si hacemos un balance con puntuaciones del 1 al 3 siendo el número más alto la mejor posición, nos daría la siguiente asombrosa clasificación: Los tres tipos de materiales obtendrían 12 puntos.

Con ello quiero hacer hincapié en que no debemos guiarnos a ciegas por los materiales que constituyan una u otra bota, sin tener en cuenta los factores anteriormente descritos. Cada una es buena o mala en según qué campo según su necesidad.


2.2. Los crampones para la bota.

Esto muy sencillo y a la vez muy tajante: La bota elije los crampones, no los crampones a la bota.

Existen muchos modelos en el mercado que sin duda se adaptarán sin problemas a nuestro calzado. Hacerlo a la inversa nos obligará a que los crampones escojan por nosotros en vez de hacerlo nuestro pie, lo que puede acarrearnos un desembolso mayor, la comprar de una bota que no resulte cómoda para nuestro pie y que nos roce (o incluso hasta nos lesione), y por si no fuera suficientes factores ya, que en caso de haber comprado previamente los crampones los hayamos comprado erróneamente o para una actividad muy técnica, lo que hará que la bota no sea adecuada para la actividad que debemos desempeñar.


2.3. Las polainas integradas y sus cremalleras.

En caso de que la bota tenga una polaina integrada, esta debe de ser altamente resistente a la abrasión por el roce que causen las rocas afiladas durante la escalada, y resistente a la perforación en caso de que por un descuido nos clavemos el crampón para que no se rasgue. También deben ser preferiblemente impermeables, y obligatoriamente cortavientos para que retengan el calor y no perdamos la temperatura a gran velocidad ante los fuertes y gélidos vientos de la montaña. Por ello no nos sirve un tejido ligero cortavientos o un tejido super resistente pero poroso.

El punto débil de las polainas integradas, son sus cremalleras. De nuevo es importantísimo que estas no dejen pasar nada de aire para mantener la temperatura interna. Las cremalleras más eficaces son aquellas estancas que van termoselladas con goma y las que tienen un pliegue o solapa de velcro para tapar la cremallera en el exterior. El sistema será aún más eficaz cuanto más redundante sea, por lo que debemos valorar más al que tenga también solapas internas. Si no tienen ningún tipo de protección frente al viento, las botas en consecuencia nos brindarán menos abrigo.


2.4. Botín interno.

(Aclaro que esta es una cuestión que no me atrevo a manejar del todo puesto que en mi vida he usado unas botas con botín interno, y no creo tener experiencia suficiente como para opinar correctamente dado que todo lo que pueda saber es por leer o verlo en las tiendas y posiblemente se me escape algún otro factor más).

El botín interno como es muy probablemente que lo manejemos con unos gruesos guantes o manoplas que entorpecerán nuestra agilidad en los dedos, debe de ser lo más sencillo posible de atar y para extraerse si queremos caminar con ellos puestos o secarlos. También es vital que sea extremadamente transpirable para no retener el sudor (lo que aceleraría el enfriamiento de nuestros pies), mientras proporciona un buen abrigo.

Un calzado demasiado apretado dificultará la circulación sanguínea en nuestro pie, lo que nos hará más propensos a sufrir congelaciones cuando las temperaturas sean muy bajas. Por ello, debemos valorar que el botín estando bien atado a nuestro pie, permita a su vez fluir correctamente la sangre.

Por último, los restantes factores que mejorarán las prestaciones del botín será el tacto que nos otorgue, y si este tiene de goma, silicona o poliuretano en su suela para permitirnos usarlo para cortos paseos fuera de la tienda sin necesidad de cambiarnos de calzado para caminar por la nieve.


2.5. Lengüeta.

Algunas botas tienen la posibilidad de ajustar el grosor de su lengüeta mediante una pieza almohadillada que se engancha con velcro, lo que facilita el ajuste para los pies que tengan un empeine más prominente o más plano, a la vez que otorga un poco más de abrigo.

Si no es el caso, hay que comprobar que la lengüeta nos ciñe bien sin llegar a molestarnos o rozarnos.


2.6. Refuerzos en los cantos.

Las botas B2 y B3 tienen refuerzos de goma en los cantos. Las botas B1 no es frecuente que los tengan, y por ello debemos prestar atención a su diseño. Si tienen una capa superpuesta de piel con forma de banda, hará las veces de la goma aunque evidentemente no tendrá la impermeabilidad de esta. Este refuerzo es importante que sea uniforme y no mediante la superposición de múltiples piezas con varias costuras.


2.7. Transpirabilidad e impermeabilidad.

La transpirabilidad de la bota permitirá evacuar el vapor de agua producido por el calor que genera nuestro pie y la humedad que provoca el sudor. Las consecuencias de tener una bota poco o nada transpirable, es que nuestro pie retendrá todo el sudor perdiendo todo el calor ganado, y facilitando en los casos extremos la aparición de hongos y malos olores, pie de trinchera o congelación.

Para ello antiguamente se servían de cera o grasa animal, pero actualmente con las membranas lo tenemos más fácil. Las membranas garantizarán la evacuación del sudor gracias una fina membrana microporosa que permite el paso de las moléculas de vapor pero no las de agua, debido a que las segundas son más grandes que las primeras. También hace las veces de cortaviento, por lo que contribuirán todavía más a retener el calor.

Como apunte, no hay que creerse todo el marketing. Las membranas no transpiran igual de bien que nuestra piel, y la transpiración se produce cuando existe una diferencia de temperaturas dentro de la bota y fuera de esta (proceso que se ve facilitado si además el clima es seco). Si tenemos una bota de montaña en un clima muy cálido y húmedo, por mucha membrana transpirable que tenga no evacuará nada de sudor al estar el pie a la misma temperatura que el medio.

También existe la falsa creencia de que proporcionan abrigo. No se debe confundir que retengan el calor con que abriguen por si solas.


2.8. Suela.

La suela debe ser Vibram. Aumentará la adherencia en superficies húmedas y heladas, y su durabilidad frente a la abrasión del caminar por la roca. Una suela que no sea Vibram sufrirá más desgaste, y puede llegar a romperse en temperaturas muy bajas.

Debemos valorar que la suela sea reemplazable, lo que facilitará su cambio reencolandola cuando esta se desgaste, evitando tener que comprarnos una bota nueva.

La dureza de la suela viene condicionada por la actividad. Conforme más vertical sea, más debe aumentar su rigidez llegando a ser totalmente rígida si es para escalar. Esto es así, puesto que una suela blanda en terreno muy escarpado obligaría a una hiperflexión del tercio anterior del pie, pudiendo dañar nuestros dedos y causarnos bastante dolor. Por otro lado, caminar con una suela totalmente rígida por terreno llano sobrecarga más los músculos de la pierna y puede llegar a dañarnos la planta del pie a la larga. Por eso es importante tener la suela adecuada a lo que vamos a hacer.


2.9. Cordones y sistema de lazada.

Cuanto más sujete la bota a nuestro pie, menos rozaduras tendremos. Por ello es muy importante que tenga un sistema de lazada eficaz y cómodo. Si los remaches para los cordones tienen una esfera metálica, hace las veces de polea y facilita más ajuste que las anillas convencionales (a la vez que daña menos el cordón frente a la tensión).

Los cordones serán mejores si tienen un tratamiento hidrorrepelente y su propia camisa y alma como si fueran una cuerda en miniatura. Un grosor alto facilitará su desatado pero aumentará el peso (para aquellos que miren cada gramo con lupa). Respecto a su forma, es preferible que sean cilíndricos en vez de planos, puesto que estos últimos son menos resistentes y más difíciles de desatar. Por último, debemos buscar materiales sintéticos puesto que un cordón de algodón lo tendremos permanentemente empapado a nada que haya algo de nieve, charcos o vegetación húmeda y su resistencia disminuirá.


2.10. Flexibilidad de la caña y empeine.

Aunque no es un factor determinante a la hora de elegir un modelo, una bota que permita mayor flexibilidad (a la vez que protege al tobillo de torceduras) nos dará más libertad de movimiento beneficiando así a nuestro tobillo que tendrá que realizar menos esfuerzo, y permitiéndonos más movimiento a la hora de escalar y caminar.


3. Tallaje

Para que la prueba de las botas sea lo más precisa posible, es una obligación hacerla con un calcetín grueso de montaña con caña alta. Si lo hacemos con un calcetín deportivo común o de vestir, nos podrá hacer daño en su prueba y para colmo las botas que nos parecían adecuadas utilizando un calcetín fino, cuando utilicemos uno grueso en la actividad nos apretarán. En caso de no disponer de un calcetín grueso, muchas tiendas tienen una caja con calcetines de prueba, y aunque no sea lo más higiénico, es preferible a utilizar un calcetín fino.

Para seleccionar la talla adecuada, no nos debemos guiar simplemente por aquella que utilizamos regularmente para la vida diaria, ya que con frecuencia ocurre que los fabricantes tienen unas tallas que dan más de sí que las de otros. Muchos comercios tienen una plataforma donde colocas el pie y en función de las dimensiones que ocupe te muestra cual es tu talla. Para tenerlo más claro, lo mejor será probarse nuestro numero y si el fabricante lo ofrece, nuestra talla y 1/2 más (normalmente las botas a partir de ciertas prestaciones los tienen). Si somos excesivamente meticulosos (y en este caso no es ninguna tontería puesto que no se trata de un material barato), dependiendo del stock de la tienda también podríamos probarnos un numero más y un 1/2 menos que nuestra talla usual para estar sobre seguros.

Sabremos finalmente que nuestra talla es la correcta cuando estando sin atar y echando el pie hacia delante hasta casi tocar la punta, podamos introducir el dedo índice en el talón o nos sobre aproximadamente entre 1,5 y 2cm. Esto se debe hacer así, para que cuando tengamos las botas bien atadas y caminemos cuesta abajo o peguemos patadas para clavar las puntas del crampón en superficies duras, nuestros dedos no choquen con la punta de la bota y evitemos lesiones como el dedo martillo, juanetes o uña encarnada.

Para distinguir cuando nos hemos excedido de espacio, ataremos bien la bota, apoyaremos la totalidad de la suela en una superficie lisa y nivelada, y sujetando la bota con las manos para que no se levante el talón del suelo (o empleando alguna ayuda que inmovilice nuestra bota como si fuera una fijación de esquí) trataremos de levantar el pie hacia arriba y hacia abajo como si caminásemos. Si estando cerciorados de que las botas están bien atadas nuestro pie se ha movido (aunque sea un poco), debemos pedir un 1/2 menos o un numero entero menos según sea el caso.


4. La prueba final.

Después de habernos dejado las neuronas en buscar una bota que se adecue al uso que le vamos a dar, que reúna las prestaciones que necesitamos y que nos gusten, llega la hora de la verdad.

Si creemos haber escogido correctamente nuestra talla, ahora toca conocer la opinión de nuestros tobillos y pies. Para ello debemos caminar con ellas lo máximo posible, llevarlas puestas por lo menos 5 o 10 minutos para hacernos una idea de la horma, y realizar una serie de pruebas (con botas de suela blanda no será tan necesario ponernos tan exigentes, pero para suela rígida es fundamental):

a. Poniéndonos de puntillas, nuestros dedos no deben tocar la punta de la bota o molestarnos.

b. Cantear un poco con la bota para ver que nuestro tobillo no sufre y la caña no nos roza, e incluso no sería mala idea hacer una ascensión a un rodapié para ver que tal es el agarre y lo cómodo que nos resulta en esas posiciones forzadas.

c. Varias tiendas disponen de un pequeño mueble parecido a un banco, en la que se sube por unas escaleras por un lado, y se baja por una pendiente por el otro. Apoyando toda la suela en la pendiente, debemos subir y bajar unas cuentas veces para ver si de nuevo tocan nuestros dedos y comprobar como se comporta el talón frente a posibles rozaduras.
La pendiente de este mueble puede estar hecha de madera, plástico, gravilla o con rocas encoladas. Si tiene esta última configuración, será todavía mejor porque así podremos comprobar de primera mano como agarra la suela. Como no todos los comercios son tan grandes o tienen un espacio libre para colocar este mueble, por lo que en caso de que no esté disponible, un buen equivalente sería subir y bajar escaleras de forma normal, y luego subir utilizando solo las puntas.





Uso y mantenimiento

Si tras mucho devanarse los sesos escogiendo una bota por fin nos hemos hecho con una, debemos tener en cuenta unos sencillos conocimientos respecto a su uso y mantenimiento si queremos que nos duren muchos años y no pierdan prestaciones con el paso del tiempo.


1. Consideraciones sobre su uso.

Pocos apuntes hay que decir respecto al uso de las botas que no se sepan ya:

a. Debe quedar entre uno y dos centímetros entre la punta de nuestros dedos y la de la bota.
b. Las uñas deben estar bien cortadas para no clavárnoslas o herirnos con la punta de las botas.
c. Es muy importante atarse bien los cordones de forma que quede inmóvil el pie, y a la vez permita la libre circulación de la sangre (cuanto más sueltas estén las botas, más heridas aparecerán).
d. Volver a atar los cordones transcurrido cierto tiempo de actividad puesto que se aflojarán con nuestro caminar (especialmente en terrenos escarpados), y tirar de los calcetines para que ciñan bien puesto que con el uso se habran deslizado en nuestro pie.
e. Utilizar un calcetín grueso y preferiblemente sintético para que evacue mejor el sudor, y cambiarlo regularmente para mantener el pie seco.
f. Para prevenir las ampollas podemos colocarnos una pequeña tira de esparadrapo en el talón o utilizar un segundo calcetín fino de seda.
g. Utilizar polainas cuando vayamos a caminar por nieve profunda y con crampones.
h. Los crampones debemos colocárnoslos antes de empezar a utilizarlos, y SIEMPRE que sean de un tipo adecuado a nuestra bota.
i. Una vez hemos llegado al refugio, cambiarnos de calzado para relajar los músculos de las piernas y aliviar los pies.
j. Si tus pies sudan bastante, conviene utilizar un spray antitranspirante para pies que los dejará bastante secos.
k. Cuando no haya nieve, evitar en la medida de lo posible caminar fuera de las sendas habilitadas para minimizar el impacto sobre el ecosistema.
l. Si hemos notado dolores o verdaderas molestias realizando las pruebas (no confundir con la molestia normal que produce un calzado rígido), muy a nuestro pesar tendremos que desechar ese modelo y buscar otro. Nuestros pies tienen la última palabra, y debemos escucharlos si no queremos lamentarnos después.

También es interesante conocer que en función de como sea la forma de nuestro pie (más cavo o más plano), podremos elegir la presión que ejerza la bota modificando la lazada de los cordones para tener un ajuste óptimo.


La imagen 'A' muestra como atar los cordones para un perfil de pie cavo. En vez de hacer la lazada cruzada en cada anilla, en la zona del empeine pasar los cordones por dos anillas seguidas para aliviar la presión.

La imagen 'B' muestra como atar los cordones para un perfil de pie plano. A la lazada cruzada convencional, hay que rizar los cordones para que ejerza más presión al empeine. Cuantas más vueltas, más apretado estará.


2. Consideraciones sobre su mantenimiento.

Por lo general, los cuidados se dividen en tres fases, antes de la actividad, durante el transcurso de esta, y al terminar.

2.1. Antes de la actividad:

a. Revisar que no presenten deterioro en su tejido/carcasa y costuras (si las tiene).
b. Revisar que están perfectamente secas y no hay zonas húmedas (incluyendo a los cordones).
c. Revisar que el velcro y las cremalleras (si tiene) funcionan perfectamente.
d. Revisar que no hay daños en los cordones o tienen restos de vegetación, y que cumplen correctamente su función.
e. Revisar que no haya piedras incrustadas en la suela ni restos de suciedad (dado que pueden afectar a la impermeabilidad).

2.2. Durante la actividad:

a. Evitar si podemos, arrastrar los pies al caminar para minimizar la abrasión en la suela.
b. Evitar en la medida de lo posible, los arañazos causados por los roces con las rocas afiladas en los cantos, punta y empeine.
c. Prestar especial atención al caminar con crampones para prevenir cualquier pinchazo indeseado.
d. No tirar las botas al suelo del refugio o de la tienda, especialmente si son rígidas.
e. No exponerlas cerca de fuentes de calor como hornillos o radiadores (aunque sea para secarlas) para evitar daños en la suela y deterioros en su tejido/carcasa o que se prendan.
f. No dejarlas a la intemperie por la noche mientras dormimos (animales o factores meteorológicos como el rocío, una lluvia o nevada inoportuna nos las pueden dejar hechas una pena)
g. Se debe tener cuidado con los líquidos grasos y el aceite, que en caso de macharlas pudren el cuero y terminan con el tratamiento impermeable (además de dejar una macha oscura que afectará a la estética).
h. Aunque las botas tienen Gore-Tex u otros tratamientos impermeables, no son 100% infalibles y con el uso y el tiempo pueden terminar calando (aunque sea la capa más externa de la bota). Se debe evitar el pisar los charcos, caminar por los ríos de poco fondo y caminar por nieve profunda sin polainas.
i. Para ahorrarnos limpiar el tejido o que se deteriore la impermeabilización, evitar pisar barro y los excrementos de los animales.

2.3. Después de la actividad:

Una vez en nuestro hogar, lo primero que debemos hacer es dejar que las botas se sequen antes de limpiarlas a fondo y renovar el tratamiento hidrofugante. Para un correcto secado, es conveniente retirar los cordones y la plantilla. En caso de tener botín interno extraerlo también, y si tiene una polaina integrada, abrirla y desplegarla lo máximo posible.

El secado siempre debe hacerse de forma natural, y NUNCA gracias a la exposición de las botas a fuentes de calor como el sol, un hornillo o un radiador puesto que estropearán el cuero al hacerse de forma tan rápida, quedando este duro y acartonado. Además, los rayos UV del sol decoloran el material. En su lugar, podremos acelerar el proceso dejándolas en un lugar ventilado y a la sombra donde el aire circule de forma natural, e introduciendo papel de periódico, papel de cocina, papel higiénico o cualquier otra cosa absorbente que podamos retirar con facilidad una vez comprobemos que se haya humedecido.

Cuando estén secas, quitaremos los restos de vegetación que se hayan enganchado en los cordones, las piedras que se puedan haber incrustado en la suela y cualquier otro resto que podamos quitar con las manos. Después, atacaremos la suciedad con agua a temperatura ambiente armados con un trapo humedecido, y ayudados de un cepillo de cerdas blandas si las manchas son rebeldes (si nos pasamos con la dureza de las cerdas podremos deteriorar el tejido). Si las manchas son muy difíciles de quitar, existen productos específicos para la limpieza de calzado, NUNCA se debe meterlas en la lavadora, y NUNCA se debe utilizar jabón. En la lavadora podemos destrozarlas con las rotaciones del tambor, y con el jabón se estropea el tratamiento hidrofugante y hace que al renovar este no se impregne correctamente.

Una vez limpias, podemos renovar el tratamiento hidrofugante solo si hemos notado que la bota ha perdido impermeabilidad. El tratamiento no debe consistir en cera o grasa animal porque inutilizaremos la transpiración de la membrana y dañaremos el tejido (abusar del tratamiento no garantiza tener unos resultados óptimos). Este tratamiento se aplica mediante un spray o una esponja a lo largo de todo el cuero de la bota, y lo comercializa principalmente Nikwax. Aquellos que miran bastante la estética de su calzado, deben pensárselo dos veces antes de aplicarlo puesto que oscurece bastante el color. Una vez aplicado, dejarlas secar y volver a colocar los cordones, botín y plantilla.

Para mantenerlas bien guardadas, podemos introducir un par de sobrecitos de gel de sílice e incluso con una horma de plástico o madera para mantener la forma de nuestro pie y evitar que se deforme.

Si con el paso del tiempo o tras largos periodos sin usarlas percibimos que la piel esta rígida y acartonada, debemos hidratarla con algún producto específico para tal fin.

Si la actividad es prolongada, en el refugio o la tienda de campaña no tendremos acceso a tantos lujos para la limpieza y su secado. Para acelerarlo mínimamente, debemos tener las botas dentro de la tienda o en la habitación del refugio (si es posible), e introducir las plantillas, calcetines, cordones y el botín (si lo tiene) dentro del saco de dormir junto a nosotros.

Como la bota seguramente este empapada y sucia, salvo en caso extremo no es buena idea introducirla en el saco de dormir puesto que puede empaparlo, mancharlo, o que se enganchen los remaches y se rasgue el saco. Hacerlo dentro de una bolsa de plástico no la secará debido a la condensación que se producirá en su interior ya que las bolsas son impermeables. De nuevo, también podemos servirnos del empleo de papel absorbente (en este caso papel higiénico), pero solo es recomendable si disponemos de abundantes reservas de este.